Sunday, April 20, 2008

Análisis de Batman Begins

Las películas de superhéroes en su mayoría, son adaptaciones de cómics - uno de las pocas excepciones es la emocionante y película de M. Night Shyamalan Unbreakable-, y por tanto sus responsables creen inevitable el vasallaje que supone explicar el nacimiento y forja del héroe en cuestión. Pero en éstos pasajes explicativos se olvidan de lo más importante: el hombre detrás del héroe, el que le da vida y sentido.

Batman begins consigue el milagro que la gran mayoría no puede alcanzar: hacer humano al héroe, dotarle de carne, de sangre y de hueso. La creciente popularidad de ésta película, que no obtuvo en principio la aceptación y el renombre de las que pergueñó en los 90 Tim Burton, no ha hecho más que crecer a medida que los años la alejaban en el tiempo. Ahora llega su segunda parte, The Dark Knight, y el morbo por la trágica muerte de Heath Ledger ha distorsionado bastante la expectación natural por una obra que pretende continuar tan vigoroso comienzo.

Porque vigorosa (intensa, generosa) es la palabra que mejor define a Batman begins, un denso y complejo viaje al verdadero interior del héroe. Quizá la más perfecta e intrincada aproximación a la mitología de un superhéroe universal que ha dado el cine. Hay algo del personaje original que el sobrevalorado (casi siempre) Tim Burton no supo comprender: su soledad, su melancolía y su destino.

Cuarta realización del director londinense Christopher Nolan, parecía inevitable que alguien de su sensibilidad y de su carácter terminara cogiendo las riendas del Batman del siglo XXI, haciéndolo sutilmente suyo y absolutamente clásico. El director de la sorprendente y muy valiente Memento, y de la extraña y original Insomnia aporta su narrativa vigorosa y contundente (oponiéndola al barroquismo y plasticidad de Burton) al mito del hombre murciélago, deconstruyéndolo para volver a armarlo con trazos de oscuro y ambivalente héroe violento.

La fotografía de Wally Pfister se aleja de todo lo conocido hasta la fecha en el mundo Batman. Fría, desasosegante, teñida de melancólicos ocres nocturnos, en un formidable scope ausente de grandes teleobjetivos, logra un tratamiento visual innovador y de gran nobleza, pues es un perfecto entorno para las vicisitudes del protagonista. El diseño de producción desarrolla un mundo opresivo pero real, auténtico, una orbe mucho más desesperanzada y sin futuro que la que nos dibujó Tim Burton. Un Gotham vivo.

Por otra parte, tenemos una vibrante y extraña partitura, escrita al alimón entre el gran James Newton-Howard y el irregular (aunque talentoso) Hans Zimmer. Una partitura que es todo potencia contenida, sin grandes alardes estéticos ni los habituales coros en títulos batmanianos. Su aportación es la de un sostenido que se alarga en el tiempo y otorga a la secuencia un dinamismo indescriptible, algo muy útil para una historia tan larga y llena de eventos.

Porque la historia de Bruce Wayne es densa, renqueante, intrincada, irregular…pero expuesta con una claridad, una nitidez, apasionantes. Ahora sí asistimos al drama del niño que ve morir a sus padres en toda su trágica dimensión. Ahora sí es un hombre roto, turbado, perturbado, incapacitado para ser feliz, para ser un hombre ‘corriente’, en la acepción más vulgar del término. Bale compone un Wayne arrasado por el pasado e incapaz de orientarse hacia el futuro.

Su peripecia por el extrajero, en la que comienza siendo un criminal de baja estofa, para terminar como alumno privilegiado de una secreta escuela de artes marciales, tiene ecos de una odisea íntima y espiritual: la búsqueda no sólo de una razón para existir, sino también la búsqueda del verdadero yo. Y todo esto lo desvelan los guionistas Goyer y Nolan, y el director Nolan, con una sobriedad, una elegancia y un amor por el detalle incontestables.

El regreso del hombre a su vida original y su elaboración del personaje Batman como azote de la ola de crimen que aterroriza la ciudad, es al mismo tiempo la búsqueda del alter-ego perfecto al yo ahora encontrado (que aún así sufrirá las debidas crisis de conciencia e identidad inevitables) y un alter-ego al mismo tiempo liberador de los violentos impulsos reprimidos, empleados como herramienta de combate más útil que sus sofisticadas armas.

Por tanto, más que una película de superhéroes, es un relato en torno a la forja de una personalidad, de una voluntad y de una identidad. Más aún, de una libertad personal y una dignidad negadas por una sociedad enloquecida, turbia y turbulenta.

No se conoce un reparto más fastuoso para una película reciente: Christian Bale, Gary Oldman, Morgan Freeman, Michael Caine, Tom Wilkinson, Liam Neeson, Rutger Hauer, Cillian Murphy, Ken Watanabe, Katie Holmes. Una película que es mucho más que un nuevo diseño para un superhéroe. Es la reformulación de un mito.

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