Saturday, December 29, 2007

ADIOS 2007 Y... - EL SÉPTIMO CIELO

De los 1408 candidatos que allí estábamos, solo podían quedar 300. Colocados por orden de lista, yo era el número 23 y si mantenía esa misma posición, quedaría admitido. Éramos como concursantes capaces de desmembrarnos los unos a los otros por ser el elegido. Yo era un manojo de nervios, porque aunque iba preparado, ese examen lo era todo para mí. Claro, que no era el único. A mi lado, un joven todavía con acné, repasaba apresuradamente las hojas del libro negro que todos habíamos tenido que estudiar. En ese momento, éramos 2 rivales casi iguales.

No tardaron en aparecer los examinadores, que ni se dirigieron hacía nosotros. Silenciosos, aguardaron la llegada del que era jefe de todo esto, con la caja que contenía las tan temidas pruebas. En cuanto se procediese al reparto de los exámenes, aquella sala se convertiría en una habitación sin salida en la que todos estaríamos abandonados a nuestra suerte. Recé un Padre Nuestro, a pesar de que tenía confianza ciega en mi mismo, e intente buscar en algún lugar de mi memoria los últimos esquemas mentales que realicé.

Una vez entregado, el examen nos pareció una gran estafa. Poco de lo que habíamos estudiado aparecía en esos malditos folios. Es cierto, que yo había pasado una mala noche, pero no lo suficientemente mala como para haber olvidado el temario. Miré, siete mesas más adelante, a mi mejor amigo, que tenía el mismo rostro desencajado que yo. Incluso, Suso, que era invencible en este tipo de pruebas, no hacía otra cosa que torres con sus bolis y lapiceros para enmascarar su intranquilidad y desconfianza. Definitivamente, era una prueba mortal.

Miré a Lucio, que estaba jugando con fuego. No valía para hacer trampas, y el lo sabía. Por un momento creyó que sería capaz de usar sus chuletas, que aquel sería un plan brillante, pero más bien, era un lío embarazoso. Estaba al borde la arritmia, las manos le sudaban y sus huellas se quedaban constantemente marcadas en su pupitre. El profesor, al que apodabamos "Mr.Brooks" y que parecía el hijo del mal, atravesó la línea recta que dividía la clase, y se acercó a él. Lo miró fijamente y le preguntó ¿y tú quién eres?. A lo que el respondió con un escueto "Yo" . ¿Qué tienes debajo del sombrero?. Lucio dudó, y pensó para sus adentros aquello de "no digas nada", y así lo hizo. -Dame 10 razones de peso para que no te expulse del examen. ¿Por qué? replico Lucio. Porque lo digo yo...

El examinador expulsó a Lucio, y pasó los siguientes cuatro minutos ejerciendo de espía y rondando por la clase buscando a Emma, la cual ya había sido pillada en anteriores ocasiones con haciendo trampas con "lo que no se ve". Teníamos un problema gordo. El profesor, en una borrachera de poder, fijaba sus ojos del mal en todos nosotros. Parecía disfrutar. En esos eternos minutos, sentimos el deseo de ser invisibles, y el peligro de ser cazados chuleta en mano. Era inútil hacer nada...cuando naces ya no puedes esconderte. Pasó por mi lado. Y lo que es peor, se detuvo. En ese preciso momento, estaban mis pelotas en juego. Cerré los ojos, confiando en que tras ese fundido a negro provocado me encontrase fuera de todo riesgo. Me dio tiempo a recordar los 2 días que pasé en París y dije para mis adentros "Garçon stupide". Era un secreto cantado que todos teníamos guardado un truco final por si el examen no salía bien. Lo habíamos hecho en todos y cada uno de los septiembres. Por fortuna, cuando despegué mis pestañas, el examinador ya no estaba junto a mí. En un golpe de suerte, Ana, tan caótica como siempre, rompió a llorar y llamó su atención. Ella era la nueva expulsada. Tras un largo silencio, el examinador solo le dijo; "Adiós pequeña adiós". Mi chuleta había pasado de ser un desastre a ser un engaño de lujo.

No hubo más interrupciones. Ellas y ellos y por supuesto, yo, regresamos al infierno de la prueba y nos dedicamos a finalizarla como buenamente pudimos, para salir pitando de aquel lugar, que se parecía más a un silencioso orfanato que a un aula de exámenes. Una vez acabado, se escucharon gritos en el pasillo, que aliviaron tensiones.

Ahora quedaba la espera de los resultados para saber si habíamos tocado el cielo. No sabía porque, pero tenía una premonición. 7 días más tarde, por fin salieron a la luz. Todos miraban las notas de todos. A mí, la vida de los otros me daba igual, solo me interesaba la mía, por eso fui directo a mi nota, sin reparar en ajenas. Casualmente, mi nota, era la última nota, por eso de mi apellido (llamarse Agustín Zodiaco tiene sus inconvenientes), pero eso no significaba que tuviese la peor calificación. Todo lo contrario. Había quedado en el puesto Once. Bobby contemplaba estupefacto mi puntuación. Me arrime a él y le dije; "Un buen día lo tiene cualquiera". Me respondió; "tio, eres leyenda".

28 semanas después, me encontré con Ana, la caótica llorona. Yo seguía como dios, en pleno estado de euforia, viviendo en mi nuevo mundo. Ella se interesó por mi aprobado y confesó algo que me impactó. Había fingido aquella actuación, ganándose su expulsión, para proteger la mía. Era toda una declaración de amor, a la que yo contesté con un espontáneo "Cásate conmigo". Ella, solo dijo; "Tuya, siempre".

Este es un breve resumen del 2007 cinematográfico, con el que ponemos punto y final a una temporada de cine para dar paso a otra nueva, la del 2008, que esperemos ofrezca una buena cosecha. Feliz entrada de año a todos los lectores de "El Séptimo Cielo"!!
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